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martes, 18 de octubre de 2016

El ocaso de la revolución


El Chavismo ha asesinado su propia revolución hundiendo a Venezuela en el hambre y la extrema miseria

Una cantidad valorable de ideas han acabado en un vertedero de la historia de la humanidad, donde ni las mismísimas ratas se atreven a acercarse para husmear y ver qué “salvar”. Puedo asegurar con toda la responsabilidad que el ínfimo “Socialismo del siglo XXI” ha tocado fondo y, sin consideración alguna, ha arrastrado consigo a Venezuela para terminar de subyugarla, maltratarla, saquearla y recordarle a diario que los errores en revolución, se pagan caros. 

En Venezuela la situación va más allá de la manera en cómo el régimen manejó a un país tan importante en el tema energético y económico que en otrora intentó ser potencia, pues la idea de una “revolución socialista” es la que ha sumido a toda una nación petrolera -y sin ningún plan de superar el rentismo- de ésta gran catástrofe que inició Hugo Chávez y le explotó en el rostro a un inepto como Maduro que, mal aconsejado y sin ningún tipo de proyecto, está terminando de hundir al país, pero además, colocándole la lapida a esta mal llamada “revolución” que en sus mejores tiempos sólo logró llenarle los bolsillos a estos truhanes que nos desgobiernan.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Maduro, horror en tiempos de revolución


Maduro es rechazado por el 80% de los venezolanos

Como si fuera un película de terror de nunca terminar, los venezolanos padecemos grandes problemas que han hecho metástasis y tienen al país tumefacto ante la crisis que vivimos y que día tras día se agudiza más ante la inacción efectiva del actual régimen liderado, en una profunda rivalidad interna, por Nicolás Maduro Moros, quien hoy es condenado por su desconocimiento de gobernabilidad a un rechazo nacional que crece sin retorno y ya está haciendo historia. 

Todo comenzó mucho antes de que Maduro asumiera el poder, Chávez era ya un caudillo, envalentonado por la mayor bonanza petrolera de nuestra historia -que fue dilapidada- y por el apoyo popular que ganó en cada rincón de Venezuela gracias, a su vez, de los planes populistas que se han convertido en uno factor elemental de explicación de la actual crisis. Mientras en otras latitudes del mundo la crisis económica mundial afectaba considerablemente la estabilidad social y política, en la Venezuela de Hugo Chávez "no pasaba nada", pero los errores constantes se iban acumulando para luego explotar. Expropiaciones, expoliaciones, persecución a la propiedad privada, aplicación de políticas económicas de corte marxitas y una ola de anomalías en lo social son de las cosas que pueden ayudar a crear una idea de este Período especial a donde nos ha llevado el Chavismo, que es una gran peste.

martes, 14 de junio de 2016

La miseria del poder


Los pueblos suelen equivocarse, nadie es infalible en el mundo por más adulación o autoestima que reciba o tenga; el poder, ese codiciado mecanismo de control es anhelado por muchos políticos, esos políticos que en campaña electoral, para alguna elección, prometen hasta lo imposible, amasando el populismo, abrazando cada mentira y promesas que saben que de llegar al poder nunca cumplirían, pero es el pueblo quien lleva muchas veces a esos mentirosos a presidencias, a los parlamentos, a las gobernaciones y alcaldías; la demagogia logra su cometido cuando los políticos ya en el poder, quieren manejar a los ciudadanos a su gusto y con pistola en manos.

No puedo dejar de mencionar a mi país, Venezuela, esta nación de gigantes emprendedores, de hombres y mujeres trabajadores, de ciudadanos solidarios que se cansaron en el siglo pasado del sistema imperante del bipartidismo, fueron decepcionados, claro que sí y las promesas que se les hicieron fueron incumplidas por los poderosos de entonces. De aquellos convulsos años, Hugo Chávez se aprovechó, logró que su discurso calara en el descontento y conquistara a punta de demagogia y populismo a muchos ciudadanos que estaban indignados por la crisis económica y social que se vivía en esos tiempo, pero todo no fue como lo esperaban aquellos “indignados del 98”.